-¿Estas escuchándome?
Ah, si...
Solo me perdí un momento, miraba las hojas del libro pasar...
Suavemente sintiendo las yemas de mis dedos postrarse de manera gentil sobre el canto seco de la amarillienta hoja que sin intención propia, se marchaba hacia el olvido.
Es triste, puesto que realmente no me tome el tiempo de leer su contenido.
Tampoco de esta, o de esta otra... ¿lo ves?.
Me pregunto que quería decirme, digo, quizá alguien la puso en ese lugar por una razón en particular. Es muy probable que en algún lugar muy parecido a este, hace mucho tiempo, pero tal vez a esta misma temperatura; No lo creo, el ambiente es muy húmedo, tendría que haber sido mas frió, mas seco, algo que emanara ese sentimiento de soledad.
Ya sabes a lo que me refiero.
Ese ambiente que matiza cada inhalación, cada suspiro, el aire que recorre cada centímetro de tu traquea, punzando como agujas a su paso, descendiendo ávidamente hacia los pulmones, y atacándolos, desgarrando con saña, sabiendo que es inevitable su presencia, y que no podrá ser rechazado.
Esa incomodidad desgastante, como el roce de las ropas, sobre la piel seca, resquebrajada, aspera, pero a la vez sumamente sensible.
Quizá en un escritorio como este, en el que aun descansan sus palabras.
Aun está aquí, creyendo que a través de este medio su voz viajaría enmudecida a lo largo de letras y palabras, que jugetearían libremente formando oraciones.
Pero no ha sido asi, no lo he escuchado y deliberadamente he sacrificado su discurso por un simple momento de abstracción hedonista.
-¿Estas escuchándome?
Oh, lo siento solo estaba...
-¿Estas escuchándome?
No, nunca lo hago.
Ah, si...
Solo me perdí un momento, miraba las hojas del libro pasar...
Suavemente sintiendo las yemas de mis dedos postrarse de manera gentil sobre el canto seco de la amarillienta hoja que sin intención propia, se marchaba hacia el olvido.
Es triste, puesto que realmente no me tome el tiempo de leer su contenido.
Tampoco de esta, o de esta otra... ¿lo ves?.
Me pregunto que quería decirme, digo, quizá alguien la puso en ese lugar por una razón en particular. Es muy probable que en algún lugar muy parecido a este, hace mucho tiempo, pero tal vez a esta misma temperatura; No lo creo, el ambiente es muy húmedo, tendría que haber sido mas frió, mas seco, algo que emanara ese sentimiento de soledad.
Ya sabes a lo que me refiero.
Ese ambiente que matiza cada inhalación, cada suspiro, el aire que recorre cada centímetro de tu traquea, punzando como agujas a su paso, descendiendo ávidamente hacia los pulmones, y atacándolos, desgarrando con saña, sabiendo que es inevitable su presencia, y que no podrá ser rechazado.
Esa incomodidad desgastante, como el roce de las ropas, sobre la piel seca, resquebrajada, aspera, pero a la vez sumamente sensible.
Quizá en un escritorio como este, en el que aun descansan sus palabras.
Aun está aquí, creyendo que a través de este medio su voz viajaría enmudecida a lo largo de letras y palabras, que jugetearían libremente formando oraciones.
Pero no ha sido asi, no lo he escuchado y deliberadamente he sacrificado su discurso por un simple momento de abstracción hedonista.
-¿Estas escuchándome?
Oh, lo siento solo estaba...
-¿Estas escuchándome?
No, nunca lo hago.
Comentarios