Hay personas a las que nos causa un placer indescriptible encontrarnos con un lienzo en blanco, con un espacio vacío. Una hoja en blanco representa potencial absoluto, a llenar de colores, ideas, conceptos, imágenes y objetos, es como sembrar un campo fértil en que la cosecha se materializa desde nuestra imaginación. La primera vez que me vi forzado a enfrentarme al vacío interior, fue aterradora. Aquel que alguna vez describí como un infinito espacio, sin dimensiones, ni colores, ni formas ni dirección, en que la abstracción de su propia naturaleza, confronta la propia imagen perceptual de nuestra existencia como la reconocemos, pues la única manera de afrontarla, es dejar atrás los conceptos aprendidos y liberarse de paradigmas que nos amarran a esta única representación de la realidad, la fractura del ego, si bien, probablemente necesaria, no es una experiencia afable. Lo sé, puedo leer estas lineas en voz alta, sé como suena, pero tiene sentido una vez que lo has vist...
Creo que siempre he sido un poco solitario. No se si tiene un poco que ver con la manera en la que crecí o si es también una parte de mi personalidad, siendo un niño, como muchos hijos únicos, pase muchas horas a solas en mi cuarto jugando, inventando historias, armando y desarmando todo tipo de cosas, juguetes, aparatos eléctricos, los mismos muebles de mi habitación. Supongo que tuve una gran libertad creativa si le podemos llamar de esa manera, pero siempre encontraba alguna manera de entretenerme, leyendo quizá, recuerdo que me gustaba mucho leer enciclopedias y diccionarios, inventar historias era y sigue siendo hasta hoy una de mis grandes aficiones. Nunca me falto atención por parte de mi madre, quien con la ayuda de mi abuela, fue quien me crió y me mostró las generalidades de la primera parte de mi vida, sin embargo el tiempo a solas era una constante, podría decirse que en cierta medida hasta una necesidad, no podría imaginarme como las otras personas podían, con fami...